El arte rupestre levantino es una manifestación cultural única, que corresponde a una sociedad prehistórica que habitó en las principales sierras y paisajes montañosos del arco mediterráneo de la Península Ibérica.
Fue un aragonés, Juan Cabré, quién dio a conocer en 1.903 el abrigo de la Roca dels Moros de Calapatá en el término municipal de Cretas. Esto supuso de alguna forma el inicio de los descubrimientos relativos al Arte Rupestre Levantino, que en 1998 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Se trata de un arte al aire libre, ubicado en abrigos rocosos y acantilados. Las pinturas que vemos son pigmentos que obtenían los artistas a partir de determinados óxidos férricos que mezclaban con grasas animales y huevo crudo. Es de tipo figurativo, en el que aparecen animales y seres humanos formando composiciones rituales, de caza, de recolección, de danza y de guerra.
Así, en la zona turolense septentrional, concretamente entorno a los ríos Matarraña y Guadalope, encontramos manifestaciones de arte rupestre en localidades como Cretas, en el barranco de Calapatá, Roca dels Moros y en el deis Gascons. O en Mazaleón existían los destruidos abrigos de Els Secans y de Caidas de Salbime, con figuras en rojo y tinta plana, como una cierva y su cazador y estilizaciones humanas más tardías. También en el término de Alcañiz, se sitúan Val del Charco del Agua Amarga. Las escenas principales son una cacería de cabras, un jabalí herido y perseguido por un arquero, y un signo esquemático en escalera.
En las proximidades de Santolea y cuenca del Guadalope, están los abrigos de El arquero (en Ladruñán), destacando aquí la figura roja de una mujer con falda corta, un arquero y un macho cabrío junto a un charco de sangre.
Pero una zona de gran importancia por su patrimonio de pintura rupestre levantina es el Parque Cultural del río Martín, con numerosos abrigos cercanos a las localidades de Alcaine, Alacón y Obón.
Pero una zona de gran importancia por su patrimonio de pintura rupestre levantina es el Parque Cultural del río Martín, con numerosos abrigos cercanos a las localidades de Alcaine, Alacón y Obón.
En el término de Alacón, se sitúan los conjuntos del barranco de El Mortero y el Cerro Felío, con los nombres en el primero de Covacho Ahumado, compuesto de treinta y dos figuras pequeñas rojas, representando una cacería de cabras perseguidas por un supuesto felino y hombres. Además aparecen dos árboles, muy raros en el arte levantino, uno con un animal al pie, que podría ser un perro, y el otro con un hombre inclinado sobre el suelo que parece recoger los frutos caídos.
En el abrigo de Los Trepadores (Alacón), se observan varias escenas, como una mujer encaramada en lo alto de un árbol recolectando miel de una colmena, o una cacería con estilizados guerreros levantando sus arcos sobre la cabeza en una escena de ejecución.
El abrigo de los Borriquillos de El Mortero (Alacón), se compone de 22 figuras rojizas, con dos borricos, que dan idea ya de una domesticación avanzada; y en el de los Recolectores (Alacón), aparecen diversos animales y hombres cavando, todo muy esquemático.
En el Cerro Felío, se encuentra la cueva de la Eudoviges (Cerro Felío, Alacón) con animales seminaturalistas; y la cueva del Tío Garroso (Alacón), donde destaca un hombre armado con arco y flecha corriendo hacia una presa. Sus piernas, forman una línea casi horizontal, y viste calzones con adornos en las rodillas, arco y flechas y una melena sujeta por una diadema. Esta pintura, se ha convertido en uno de los símbolos que identifica al Parque Cultural del Río Martín.
En el abrigo del Garroso se encuentra también "el gigante", una figura humana descubierta hace tan sólo unos años, que es la representación humana más grande del arte levantino español.
Otra zona destacada por sus pinturas rupestres levantinas es el Parque Cultural de Albarracín. Ahí se conserva un conjunto artístico fantástico que forma una unidad excepcional con su entorno. Las pinturas en sí son de gran riqueza por sus temas, técnica, estilo, pigmentación y tamaños. Repartidas en varios abrigos, se concentran especialmente en las cercanías de Albarracín, en el término de Bezas y al sureste de la comarca, junto al término de Tormón.
Las manifestaciones más antiguas de arte rupestre naturalista, las encontramos en esta zona, siendo sus mejores exponentes los toros blancos (color exclusivo de Albarracín), que hallaremos en la Cocinilla del Obispo, y en los Toricos del Prado del Nevazo (Albarracín).



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